jueves, 29 de septiembre de 2011
Doctrina para que nos Entiendan y Conducta para que nos crean
SOMOS LOS QUE DAMOS PELEA. CON LOS VALORES INTACTOS
lunes, 19 de septiembre de 2011
Obvio Por Pepe Eliaschev
Perdida la capacidad de asombro o anestesiada la curiosidad más elemental, hemos devenido en una sociedad acostumbrada. Todo es natural, previsto, descontado. La palabra más usada es ¡obvio!, emitida con fuerte énfasis exclamativo, para que el interlocutor advierta que su pregunta padece de insanable imbecilidad.
¿La Presidenta se fue al exterior sin que se informe en qué avión, a qué hora, acompañada de quién y siguiendo qué ruta? ¡Obvio! Ese tipo de informaciones han sido eliminadas en la Argentina desde 2003 y son secretos de Estado. Los desplazamientos permanentes en aviones y helicópteros de los Kirchner han sido y son tan sistemáticos y permanentes, que nunca se sabe dónde y cuándo están. Las comitivas jamás son anunciadas, minucia “formal” que sólo inquieta a los republicanos fastidiosos.
¿La Presidenta sale del país sin que el vicepresidente electo asuma la titularidad del Poder Ejecutivo porque es un traidor al que ni siquiera se registra? ¡Obvio! Desde su legendario voto no positivo a la 125 en el Senado, Julio Cobos fue convertido por el oficialismo en una entidad no existente, un fantasma, alguien que ha perdido reconocimiento protocolar, un desaparecido de la función pública. En sus permanentes viajes al exterior, la Presidenta no se informa de lo que sucede en el país con ese vicepresidente, sino con sus amanuenses, que se quedan en la Casa Rosada para cuidarla.
¿La Presidenta ya ni siquiera cumple con la elemental obligación de hablar con el periodismo hasta incluso cuando así lo sugiere un anfitrión extranjero, como pasó con Nicolas Sarkozy esta semana en París? ¡Obvio! Desde 2003, el Gobierno está en guerra con el periodismo y las conferencias de prensa fueron declaradas un riesgo a evitar. Una y otra vez, la Presidenta ningunea, ignora, descalifica, desdeña y –si puede– les da clases de periodismo a los periodistas, ya acostumbrados a juntar orines esperándola en todo lugar y momento, para terminar recibiendo un glacial “no, chicos, ahora no”.
¿Ya es rutina la gimnasia que mantiene vigente al jefe de Gabinete Aníbal Fernández, mediante la cual insulta, desprecia y descalifica a toda aquella figura política o mediática que importune al Gobierno? ¡Obvio! Para la guerra retórica permanente del modo de ser oficial, las groserías son mera inexistencia de hipocresía. Así, el hombre que maneja el presupuesto de la Nación mediante “reasignaciones” personales, sazona sus jornadas finales en la Casa Rosada (el 10 de diciembre ingresa al Congreso) con sus ataques proverbiales, ya consagrados en sus célebres “anibaladas”, prolijamente recopiladas por este diario (http://especiales.perfil.com/anibaladas/).
¿La Presidenta y su Gobierno manejan a su pleno antojo y con prolija exclusión de toda voz que no sea la propia, la programación y contenidos de los medios gubernamentales, cínicamente rebautizados “públicos”? ¡Obvio! No hay rubores ni reticencias en esta conducta, tal como acaba de confirmarse con el anuncio de que las netbooks que el Gobierno “regala” a los estudiantes vendrán programadas con acceso directo a la propaganda oficial de Télam, la ex agencia de noticias del Estado, hoy convertida en gacetillera militante del evangelio oficial. Los medios financiados por la sociedad quedan reservados para quienes se alinean con el Gobierno. En este punto, hay escenas de sainete: una de las estaciones porteñas de Radio Nacional se identifica varias veces por hora con una adjetivación empalagosa y absurda: “Clásica, nacional, pública y argentina”.
¿Han desaparecido desde 2003 las formas más elementales del poder republicano, como los acuerdos de gabinete, que antes le permitían al país conocer los planes y opiniones del elenco ejecutivo? ¡Obvio! El protocolo presidencial de estos ocho años y medio ha eliminado el fastidio de la horizontalidad, esa obsesión frívola de la “partidocracia” burguesa. Ahora es ya normal y a nadie llama la atención que el jefe de Estado gobierne de la manera más rigurosamente individual. Las consultas presidenciales son con un puñado de cortesanos y, eventualmente, con uno o a lo sumo dos ministros a la vez. Es así: nunca como hoy la Argentina estuvo gobernada con un individualismo tan colosal, acompañado de una opacidad completa sobre lo que se trata y se resuelve. En la Argentina a punto de reelegir hasta 2015 a la actual Presidenta, el gobierno es un tema del Gobierno, y de nadie más.
¿Las universidades estatales han sido literalmente obligadas a asumir la identidad política partidaria de este Gobierno, abandonando la neutralidad indispensable que las caracterizaba? ¡Obvio! Nadie puede permanecer ajeno al magno proyecto nacional y así, antes de las elecciones del 14 de agosto, un grupo de rectores universitarios, funcionarios públicos cuyos sueldos paga la sociedad, emitieron su compromiso electoral con la Presidenta, incluyendo lamentablemente al titular de la Universidad de Buenos Aires, Rubén Hallú. No asombra ni inquieta. No hay fronteras ni acotaciones: hay que encolumnarse de manera pública, como ya sucedió en los tempranos años 50 del siglo anterior.
Todo es obvio, nada llama la atención. No es, sin embargo, mera pasividad indolente lo que acaece aquí. La aceptación de tantas irregularidades, como sapo que se traga con gusto y cotidianamente, no es resulta de una imposición dictatorial. Antes bien, lo llamativo es que hay una sociedad dispuesta a dejar de lado las “formalidades”, en aras de ventajas tangibles. Ese consenso mayoritario no es ingenuo ni confuso; es explícito y voluntario. Es una abdicación manifiesta, concretada a cambio de contraprestaciones irrefutables. Una espesa y aparentemente infinita red de beneficios lubrica esa renuncia a escandalizarse. Porque, en definitiva, ¿a quién le importan esas minucias protocolares que maquillan a la democracia si todo funciona a las mil maravillas, alguien manda, todos obedecen y la vida es una fiesta, nunca menos? Obvio, ¿no? Hay que ser muy tonto (¿o gorila?) para no darse cuenta.
¿La Presidenta se fue al exterior sin que se informe en qué avión, a qué hora, acompañada de quién y siguiendo qué ruta? ¡Obvio! Ese tipo de informaciones han sido eliminadas en la Argentina desde 2003 y son secretos de Estado. Los desplazamientos permanentes en aviones y helicópteros de los Kirchner han sido y son tan sistemáticos y permanentes, que nunca se sabe dónde y cuándo están. Las comitivas jamás son anunciadas, minucia “formal” que sólo inquieta a los republicanos fastidiosos.
¿La Presidenta sale del país sin que el vicepresidente electo asuma la titularidad del Poder Ejecutivo porque es un traidor al que ni siquiera se registra? ¡Obvio! Desde su legendario voto no positivo a la 125 en el Senado, Julio Cobos fue convertido por el oficialismo en una entidad no existente, un fantasma, alguien que ha perdido reconocimiento protocolar, un desaparecido de la función pública. En sus permanentes viajes al exterior, la Presidenta no se informa de lo que sucede en el país con ese vicepresidente, sino con sus amanuenses, que se quedan en la Casa Rosada para cuidarla.
¿La Presidenta ya ni siquiera cumple con la elemental obligación de hablar con el periodismo hasta incluso cuando así lo sugiere un anfitrión extranjero, como pasó con Nicolas Sarkozy esta semana en París? ¡Obvio! Desde 2003, el Gobierno está en guerra con el periodismo y las conferencias de prensa fueron declaradas un riesgo a evitar. Una y otra vez, la Presidenta ningunea, ignora, descalifica, desdeña y –si puede– les da clases de periodismo a los periodistas, ya acostumbrados a juntar orines esperándola en todo lugar y momento, para terminar recibiendo un glacial “no, chicos, ahora no”.
¿Ya es rutina la gimnasia que mantiene vigente al jefe de Gabinete Aníbal Fernández, mediante la cual insulta, desprecia y descalifica a toda aquella figura política o mediática que importune al Gobierno? ¡Obvio! Para la guerra retórica permanente del modo de ser oficial, las groserías son mera inexistencia de hipocresía. Así, el hombre que maneja el presupuesto de la Nación mediante “reasignaciones” personales, sazona sus jornadas finales en la Casa Rosada (el 10 de diciembre ingresa al Congreso) con sus ataques proverbiales, ya consagrados en sus célebres “anibaladas”, prolijamente recopiladas por este diario (http://especiales.perfil.com/anibaladas/).
¿La Presidenta y su Gobierno manejan a su pleno antojo y con prolija exclusión de toda voz que no sea la propia, la programación y contenidos de los medios gubernamentales, cínicamente rebautizados “públicos”? ¡Obvio! No hay rubores ni reticencias en esta conducta, tal como acaba de confirmarse con el anuncio de que las netbooks que el Gobierno “regala” a los estudiantes vendrán programadas con acceso directo a la propaganda oficial de Télam, la ex agencia de noticias del Estado, hoy convertida en gacetillera militante del evangelio oficial. Los medios financiados por la sociedad quedan reservados para quienes se alinean con el Gobierno. En este punto, hay escenas de sainete: una de las estaciones porteñas de Radio Nacional se identifica varias veces por hora con una adjetivación empalagosa y absurda: “Clásica, nacional, pública y argentina”.
¿Han desaparecido desde 2003 las formas más elementales del poder republicano, como los acuerdos de gabinete, que antes le permitían al país conocer los planes y opiniones del elenco ejecutivo? ¡Obvio! El protocolo presidencial de estos ocho años y medio ha eliminado el fastidio de la horizontalidad, esa obsesión frívola de la “partidocracia” burguesa. Ahora es ya normal y a nadie llama la atención que el jefe de Estado gobierne de la manera más rigurosamente individual. Las consultas presidenciales son con un puñado de cortesanos y, eventualmente, con uno o a lo sumo dos ministros a la vez. Es así: nunca como hoy la Argentina estuvo gobernada con un individualismo tan colosal, acompañado de una opacidad completa sobre lo que se trata y se resuelve. En la Argentina a punto de reelegir hasta 2015 a la actual Presidenta, el gobierno es un tema del Gobierno, y de nadie más.
¿Las universidades estatales han sido literalmente obligadas a asumir la identidad política partidaria de este Gobierno, abandonando la neutralidad indispensable que las caracterizaba? ¡Obvio! Nadie puede permanecer ajeno al magno proyecto nacional y así, antes de las elecciones del 14 de agosto, un grupo de rectores universitarios, funcionarios públicos cuyos sueldos paga la sociedad, emitieron su compromiso electoral con la Presidenta, incluyendo lamentablemente al titular de la Universidad de Buenos Aires, Rubén Hallú. No asombra ni inquieta. No hay fronteras ni acotaciones: hay que encolumnarse de manera pública, como ya sucedió en los tempranos años 50 del siglo anterior.
Todo es obvio, nada llama la atención. No es, sin embargo, mera pasividad indolente lo que acaece aquí. La aceptación de tantas irregularidades, como sapo que se traga con gusto y cotidianamente, no es resulta de una imposición dictatorial. Antes bien, lo llamativo es que hay una sociedad dispuesta a dejar de lado las “formalidades”, en aras de ventajas tangibles. Ese consenso mayoritario no es ingenuo ni confuso; es explícito y voluntario. Es una abdicación manifiesta, concretada a cambio de contraprestaciones irrefutables. Una espesa y aparentemente infinita red de beneficios lubrica esa renuncia a escandalizarse. Porque, en definitiva, ¿a quién le importan esas minucias protocolares que maquillan a la democracia si todo funciona a las mil maravillas, alguien manda, todos obedecen y la vida es una fiesta, nunca menos? Obvio, ¿no? Hay que ser muy tonto (¿o gorila?) para no darse cuenta.
viernes, 9 de septiembre de 2011
Metas deseables, planes aún no claros
Por Jorge Oviedo | LA NACION
Un país donde se produzcan más y mejores alimentos y los que ganan menos puedan comprarlos y educar a sus hijos es más que deseable, pero no hay modo aún de evaluar si esos objetivos están camino de lograrse.
Pero hay empresarios que observaron que hay dos restricciones para el crecimiento futuro, para las cuales la Presidenta aún no presentó ningún plan. Una es la inflación. Y la otra es la restricción energética, que genera grandes necesidades de importación y empeora el resultado de la balanza comercial. También hay reducciones de reservas en grandes compañías, lo que complica el abastecimiento de combustibles.
En el mercado petrolero hubo muchas disputas entre los productores de crudo y quienes refinaban. La retención de la exportación fijaba un precio bajo para el petróleo, que los extractores toleraron hasta que las naftas dejaron de estar congeladas y el negocio de refinación se hizo más rentable. Ahora hay un precio más alto, acordado entre productores y destilerías. Panamerican prevé destilar su propio crudo.
joviedo@lanacion.com.ar.
La
presidenta Cristina Kirchner presentó en pocos días dos medidas de
fuerte impacto. Una es el plan estratégico para el agro, que tiene metas
muy ambiciosas y que sería muy deseable que se cumplieran. Y la otra
fue el aumento de la asignación universal por hijo (AUH) y el techo
salarial para el cobro de las asignaciones familiares.
El segundo merecería perfeccionamientos. El principal
punto para criticar de la AUH es la forma como se financia: desde la
Anses, lo que significa que los actuales y futuros jubilados son los que
ayudan a los chicos pobres. Debe haber gente en mejores condiciones y
hay, de seguro, una cantidad de gastos superfluos del Estado. Dejar de
utilizar aviones privados mientras se subsidia una aerolínea estatal es
un ejemplo. Y no sólo convendría que fuera más amplia, sino que también
tuviera sistemas de control. Como en otros esquemas que son muy
elogiables, como el aumento del presupuesto de educación, no hay
indicadores de resultados, de impacto.Un país donde se produzcan más y mejores alimentos y los que ganan menos puedan comprarlos y educar a sus hijos es más que deseable, pero no hay modo aún de evaluar si esos objetivos están camino de lograrse.
Pero hay empresarios que observaron que hay dos restricciones para el crecimiento futuro, para las cuales la Presidenta aún no presentó ningún plan. Una es la inflación. Y la otra es la restricción energética, que genera grandes necesidades de importación y empeora el resultado de la balanza comercial. También hay reducciones de reservas en grandes compañías, lo que complica el abastecimiento de combustibles.
Panamerican destilará más
En el mercado petrolero juran que Panamerican Energy tiene como plan remozar la destilería de Campana, que compró junto con la cadena de estaciones de servicio de Esso. La operación aún no está aprobada por el Gobierno, pero fuentes del mercado están convencidas de que harán una importante inversión. "Si hacen lo que se está filtrando, van a invertir más que lo que les costó la planta y deberían anunciarlo hacia fin de año, si todo sale como parece que tienen previsto", dijeron los informantes.En el mercado petrolero hubo muchas disputas entre los productores de crudo y quienes refinaban. La retención de la exportación fijaba un precio bajo para el petróleo, que los extractores toleraron hasta que las naftas dejaron de estar congeladas y el negocio de refinación se hizo más rentable. Ahora hay un precio más alto, acordado entre productores y destilerías. Panamerican prevé destilar su propio crudo.
joviedo@lanacion.com.ar.
jueves, 8 de septiembre de 2011
Diario La Nacion. Coparticipación: otro debate ausente Pese a las manifestaciones oficiales en favor del federalismo, el unitarismo fiscal sigue ganando terreno.
Diario La Nación 7 de Septiembre de 2011.
El país macrocefálico, asimétrico e injusto en la distribución del ingreso del que Cristina Fernández de Kirchner hablaba en la Convención Constituyente de 1994 quedó expuesto ahora, en las elecciones primarias del 14 de agosto, cuando la Presidenta cosechó la mayor cantidad de votos en las provincias más dependientes del Poder Ejecutivo. Asfixiadas por la escasez de una recaudación propia que no llega a cubrir ni siquiera un tercio de sus necesidades corrientes, las provincias tienen una dependencia cada vez mayor del Estado nacional
Un reciente estudio del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf) publicado por
La Nacion advierte con nitidez sobre la magnitud del desajuste: los recursos propios de las provincias pasaron del 34 al 30 por ciento entre 1999 y 2010. En contraposición, las transferencias que están sujetas a algún grado de discrecionalidad, en el mismo lapso, crecieron del 5 al 14 por ciento.
La comparación de datos del escrutinio con el estudio del Iaraf muestra que en Santiago del Estero, Tucumán, Formosa, Corrientes, Chaco, Catamarca, Misiones, Salta, Tierra del Fuego y San Juan, donde es más baja la captación de fondos propios, la fórmula encabezada por la Presidenta sacó más del 60 por ciento de los votos. Las excepciones fueron La Rioja y Jujuy, donde el apoyo a Cristina Fernández fue del 51 y del 60 por ciento, respectivamente.
La situación no es nueva. Según cálculos de la consultora abeceb.com, en 2010 el gobierno central se quedó con el 73 por ciento de los recursos tributarios nacionales, contra un 27 por ciento que fue a las provincias. Y la tendencia se mantiene en lo que va de 2011.
La provincia de Santa Cruz recibió entre 2003 y 2010 transferencias desde el gobierno nacional por el equivalente a casi 21.000 pesos por cada habitante, en tanto que, en el mismo período, cada bonaerense recibió 644,40 pesos y cada uno de los porteños, 332,60 pesos.
Al margen de semejante desigualdad, las provincias también sufren por el incumplimiento en el giro de fondos que la Nación está obligada a realizarles, lo cual obliga a muchos gobernadores a peregrinar hacia la Casa Rosada en procura de dinero.
Fue lo que tuvo que hacer pocos días atrás el saliente gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, a cuya provincia se le había bloqueado la remisión de partidas que debía girarle la Anses.
Es sin dudas significativo el dato de que Schiaretti haya viajado a Buenos Aires para reclamar una deuda de 1178 millones de pesos. No fue de los gobernadores más obedientes al Poder Ejecutivo -estuvo en contra de la resolución 125, por ejemplo- y por ello tuvo problemas para manejar una provincia con desfases financieros importantes.
Seguramente en procura de evitar semejantes penurias durante el mandato que comenzará en diciembre, el gobernador electo de Córdoba, José Manuel de la Sota, acaba de tener el gesto de retirar de la competencia de octubre la lista de candidatos a diputado nacional de su sector, el llamado "cordobesismo", de manera de asegurarle a la Casa Rosada, para octubre, un campo fértil en esa provincia clave. Si la Presidenta no autoriza el envío a Córdoba de esos 1178 millones de pesos, a fin de año la provincia estaría en serias dificultades para pagar las jubilaciones y el medio aguinaldo.
Ante las desigualdades en la distribución, los mandatarios provinciales tienen, por supuesto, la opción de realizar ajustes en el impuesto inmobiliario y otros que les permitan tener financiamiento propio, pero ello no siempre es factible y tiene sus costos.
Los derechos de exportaciones e importaciones y los impuestos a los débitos y créditos bancarios constituyen algunas de las formidables cajas de que dispone el Gobierno. En el primer caso, en lo que va del año, y descontado el 30 por ciento de exportación de soja que se incluye en el Fondo Solidario y sí se reparte entre las provincias, el Tesoro nacional recaudó 44.000 millones de pesos.
A ello hay que agregar una genuina creación del kirchnerismo, que se ha ido perfeccionando, como es la subestimación de metas presupuestarias, que en 2010 rondó los 40.000 millones de pesos.
Poco y nada se hizo en los últimos años para terminar con todas estas asimetrías, por lo cual la mayoría de las provincias han pasado a tener una dependencia cada vez mayor del poder central.
En 2010, las transferencias automáticas, que más bien pueden llamarse discrecionales, superaron los 27.000 millones de pesos, según la consultora Abeceb. En gran medida, esos remanentes son manejados por el Ministerio de Planificación, a cargo de Julio De Vido.
No es fácil lograr una ley de coparticipación federal que contemple de manera justa los intereses de provincias que son muy diversas, pero es innegable que poco y nada se ha hecho en pos de ello. En el Senado duermen distintos proyectos presentados por la oposición.
En este tema, la Presidenta olvidó su promesa sobre mejor calidad institucional. Su gobierno sigue manejando fondos públicos al mejor estilo de los regímenes personalistas.
A partir de su triunfo en las primarias de agosto, la jefa del Estado ha tenido varias apariciones públicas. En ninguna de ellas figuró el debate sobre una nueva ley de coparticipación federal. El país cada vez más unitario en materia fiscal, macrocefálico y anacrónico del que hablaba en los 90 ya no parece preocuparle más..
El país macrocefálico, asimétrico e injusto en la distribución del ingreso del que Cristina Fernández de Kirchner hablaba en la Convención Constituyente de 1994 quedó expuesto ahora, en las elecciones primarias del 14 de agosto, cuando la Presidenta cosechó la mayor cantidad de votos en las provincias más dependientes del Poder Ejecutivo. Asfixiadas por la escasez de una recaudación propia que no llega a cubrir ni siquiera un tercio de sus necesidades corrientes, las provincias tienen una dependencia cada vez mayor del Estado nacional
Un reciente estudio del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf) publicado por
La Nacion advierte con nitidez sobre la magnitud del desajuste: los recursos propios de las provincias pasaron del 34 al 30 por ciento entre 1999 y 2010. En contraposición, las transferencias que están sujetas a algún grado de discrecionalidad, en el mismo lapso, crecieron del 5 al 14 por ciento.
La comparación de datos del escrutinio con el estudio del Iaraf muestra que en Santiago del Estero, Tucumán, Formosa, Corrientes, Chaco, Catamarca, Misiones, Salta, Tierra del Fuego y San Juan, donde es más baja la captación de fondos propios, la fórmula encabezada por la Presidenta sacó más del 60 por ciento de los votos. Las excepciones fueron La Rioja y Jujuy, donde el apoyo a Cristina Fernández fue del 51 y del 60 por ciento, respectivamente.
La situación no es nueva. Según cálculos de la consultora abeceb.com, en 2010 el gobierno central se quedó con el 73 por ciento de los recursos tributarios nacionales, contra un 27 por ciento que fue a las provincias. Y la tendencia se mantiene en lo que va de 2011.
La provincia de Santa Cruz recibió entre 2003 y 2010 transferencias desde el gobierno nacional por el equivalente a casi 21.000 pesos por cada habitante, en tanto que, en el mismo período, cada bonaerense recibió 644,40 pesos y cada uno de los porteños, 332,60 pesos.
Al margen de semejante desigualdad, las provincias también sufren por el incumplimiento en el giro de fondos que la Nación está obligada a realizarles, lo cual obliga a muchos gobernadores a peregrinar hacia la Casa Rosada en procura de dinero.
Fue lo que tuvo que hacer pocos días atrás el saliente gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, a cuya provincia se le había bloqueado la remisión de partidas que debía girarle la Anses.
Es sin dudas significativo el dato de que Schiaretti haya viajado a Buenos Aires para reclamar una deuda de 1178 millones de pesos. No fue de los gobernadores más obedientes al Poder Ejecutivo -estuvo en contra de la resolución 125, por ejemplo- y por ello tuvo problemas para manejar una provincia con desfases financieros importantes.
Seguramente en procura de evitar semejantes penurias durante el mandato que comenzará en diciembre, el gobernador electo de Córdoba, José Manuel de la Sota, acaba de tener el gesto de retirar de la competencia de octubre la lista de candidatos a diputado nacional de su sector, el llamado "cordobesismo", de manera de asegurarle a la Casa Rosada, para octubre, un campo fértil en esa provincia clave. Si la Presidenta no autoriza el envío a Córdoba de esos 1178 millones de pesos, a fin de año la provincia estaría en serias dificultades para pagar las jubilaciones y el medio aguinaldo.
Ante las desigualdades en la distribución, los mandatarios provinciales tienen, por supuesto, la opción de realizar ajustes en el impuesto inmobiliario y otros que les permitan tener financiamiento propio, pero ello no siempre es factible y tiene sus costos.
Los derechos de exportaciones e importaciones y los impuestos a los débitos y créditos bancarios constituyen algunas de las formidables cajas de que dispone el Gobierno. En el primer caso, en lo que va del año, y descontado el 30 por ciento de exportación de soja que se incluye en el Fondo Solidario y sí se reparte entre las provincias, el Tesoro nacional recaudó 44.000 millones de pesos.
A ello hay que agregar una genuina creación del kirchnerismo, que se ha ido perfeccionando, como es la subestimación de metas presupuestarias, que en 2010 rondó los 40.000 millones de pesos.
Poco y nada se hizo en los últimos años para terminar con todas estas asimetrías, por lo cual la mayoría de las provincias han pasado a tener una dependencia cada vez mayor del poder central.
En 2010, las transferencias automáticas, que más bien pueden llamarse discrecionales, superaron los 27.000 millones de pesos, según la consultora Abeceb. En gran medida, esos remanentes son manejados por el Ministerio de Planificación, a cargo de Julio De Vido.
No es fácil lograr una ley de coparticipación federal que contemple de manera justa los intereses de provincias que son muy diversas, pero es innegable que poco y nada se ha hecho en pos de ello. En el Senado duermen distintos proyectos presentados por la oposición.
En este tema, la Presidenta olvidó su promesa sobre mejor calidad institucional. Su gobierno sigue manejando fondos públicos al mejor estilo de los regímenes personalistas.
A partir de su triunfo en las primarias de agosto, la jefa del Estado ha tenido varias apariciones públicas. En ninguna de ellas figuró el debate sobre una nueva ley de coparticipación federal. El país cada vez más unitario en materia fiscal, macrocefálico y anacrónico del que hablaba en los 90 ya no parece preocuparle más..
domingo, 4 de septiembre de 2011
El riesgo de "profundizar el modelo" La incertidumbre económica que muestra la Argentina exige definiciones claras que ahuyenten temores de inversores
Tanto la presidenta Cristina Fernández de Kirchner como funcionarios cercanos suelen referirse al respaldo recibido en las primarias abiertas como un apoyo a la "profundización del modelo". Deliberadamente, nadie atina a explicar con suficiente claridad en qué consiste ese "modelo" y qué implicaría su "profundización".
Desde el punto de vista económico, podría señalarse que la era kirchnerista iniciada en 2003 no tuvo un único modelo. Los primeros años de Néstor Kirchner al frente del Poder Ejecutivo Nacional se caracterizaron por un tipo de cambio alto, superávits gemelos (fiscal y comercial) e inflación baja. Pero los últimos años, que coinciden con la actual gestión presidencial, fueron testigos de un creciente atraso cambiario que le restó competitividad internacional a la Argentina; una elevada tasa de inflación, derivada en buena parte de un proceso de expansión monetaria; una caída del superávit comercial, que no fue menor aún por las restricciones a las importaciones, y de un déficit fiscal sólo disimulado por aportes del Banco Central y de la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses).Cabe preguntarse de cuál de los dos modelos se está hablando cuando se habla de profundizar lo actuado.
La certidumbre electoral, derivada de la contundencia de los resultados de las primarias abiertas del 14 de agosto, no ha podido despejar la cada vez mayor incertidumbre económica que exhibe la Argentina.
Distintos sectores empresariales y operadores económicos se preguntan si la proclamada profundización del modelo implicará una "radicalización" hacia el populismo garantizada por la posibilidad de "apropiarse de factores de renta importante", como propuso no hace mucho el viceministro de Economía, Roberto Feletti, quien encabeza la lista de candidatos a diputado nacional por el Frente para la Victoria porteño.
Si se buscan rasgos que caractericen el llamado modelo, debe observarse que entre las razones para la elección del ministro de Economía, Amado Boudou, como compañero de fórmula de la Presidenta, se aduce su autoría en la estatización de los fondos de jubilaciones en 2008 y, según la propia mandataria, su coraje para enfrentar a las grandes corporaciones económicas. Cuando la consecuencia de esa reforma previsional sea un sistema quebrado y dependiente de un Estado insolvente, y caiga su quebranto sobre las espaldas de los futuros jubilados, ya no estarán sus autores e inspiradores para rendir cuentas. Ya no podrá la Anses ignorar los fallos de la Corte Suprema exigiendo el 82 por ciento móvil ni incumplir sentencias que la obligan a pagar ajustes jubilatorios. Quienes produjeron este desquicio engolosinándose con menciones a su magnífico modelo aprovechan ahora políticamente los fondos confiscados para extender su vigencia en el poder. La estatización previsional es el monumento a una doble aberración. El kirchnerismo no sólo se apropió de los ahorros de los trabajadores; además, ha convertido a la Anses en la base operativa de sus movimientos de campaña.
A la hora de discutir la profundización del modelo habrá que determinar si los fondos de la Anses seguirán utilizándose para financiar planes sociales que podrán resultar muy beneficiosos para ciertos sectores, pero no para los aportantes al sistema previsional.
También deberá debatirse si el Banco Central, en lugar de recuperar su deber principal de preservar el valor de la moneda, seguirá siendo otra fuente indisimulable de financiamiento del déficit fiscal que ayuda a ahondar el proceso inflacionario.
Habrá que discutir, además, si profundizar el modelo implicará la subsistencia de las manipulaciones estadísticas que convierten en irrisoria la estimación oficial de la inflación y de otras variables económicas, algo que afecta la seguridad jurídica y la seriedad del país ante potenciales inversores y ante el mundo entero.
La angustia por salir de la peligrosa inercia inflacionaria hará recordar las palabras del destacado joven de La Cámpora y responsable de las inquietantes finanzas de la estatizada Aerolíneas Argentinas, Axel Kicillof: "Los procesos de industrialización y crecimiento vienen siempre acompañados de una inflación cercana a dos dígitos". Una afirmación sólo admisible para quien no esté enterado de los niveles de precios en países de la región que vienen creciendo más y mejor que la Argentina.
Los temores que se advierten en el mundo empresarial se extienden a la posibilidad de que se profundicen mecanismos intervencionistas, cuando no expropiatorios, para paliar el creciente desequilibrio de las cuentas fiscales, amenazadas, por si fuera poco, por la incertidumbre mundial y por la vulnerabilidad de una economía como la argentina, cada vez más dependiente del precio internacional de los commodities agrícolas y de la fortaleza de Brasil y su moneda.
Son precisamente algunas ideas deslizadas por funcionarios y dirigentes kirchneristas, y nunca desmentidas o aclaradas por la Casa Rosada, las que inquietan a la comunidad empresaria. Entre ellas, la posibilidad de avanzar hacia una nacionalización de los depósitos bancarios, una estatización del comercio exterior, una recreación de la Junta Nacional de Granos o una estatización de las obras sociales a las que aportan los trabajadores.
No menos preocupante es la forma en que un eventual segundo gobierno de Cristina Fernández de Kirchner reaccionará si vuelve a contar el 23 de octubre con el amplio apoyo evidenciado en las primarias.
El modelo kirchnerista ha estado habitualmente asociado a un estilo caracterizado por la rispidez y la crispación. Algunos de sus ejes centrales han sido el verticalismo, la ausencia de reuniones de gabinete, la concentración del poder, la construcción de poder a partir de la creación permanente de enemigos, la vocación hegemónica, el intervencionismo estatal y la discrecionalidad, y la poca tolerancia hacia las críticas.
Las positivas declaraciones de la Presidenta, hechas a poco de conocido el resultado de las primarias, acerca de la necesidad de unir al país ante los tiempos difíciles que vive el mundo, quedaron pronto desvanecidas ante la sucesión de cuestionamientos y acusaciones que varios de sus ministros formularon a los medios de prensa independientes.
Es sumamente difícil que un gobierno que no admite las críticas y que brega por silenciar las disidencias de la oposición pueda estar dispuesto a tender puentes y a encarar un constructivo diálogo tendiente a superar diferencias y acordar políticas de Estado.
Un sano cambio pasaría por dejar de someter al Congreso al avasallamiento propio de un Poder Ejecutivo que no se ha caracterizado por el respeto al principio de división de poderes o que promovió una reglamentación de los decretos de necesidad y urgencia, merced a la cual le resulta hoy más fácil conseguir una medida de excepción que la sanción de un proyecto de ley.
Las dificultades e inconsistencias del llamado "modelo" ameritarían un cambio de actitud, que derive en la búsqueda de respuestas ante la necesidad de consolidar el crecimiento del país, en un marco de atracción de los inversores y de una seguridad jurídica que sigue siendo una de nuestras grandes asignaturas pendientes.
Si algo debe evitarse es la profundización de un modelo que, detrás de la ilusión de un crecimiento sustentado en las buenas condiciones externas o en la inducción inflacionaria al consumo, no ha resuelto la pobreza, ha desatado la inflación, ha hecho descender a la Argentina en los rankings de transparencia internacional y de inversión extranjera directa en la región, y ha dañado las instituciones. La urgencia por modificar este ordenamiento patológico no sólo debería resultar evidente para el Gobierno. También debería ser motivo del esfuerzo y del discurso de muchos líderes y candidatos de la oposición que, por deficiencia conceptual o propensión demagógica, no denuncian con la firmeza necesaria desviaciones de semejante magnitud..
Diario La Nacion
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